¿Cómo reconfigurará el teletrabajo los hogares del futuro?

11 de marzo de 2020. Por asociarlo a una fecha del calendario que será recordada universalmente, marcamos este día como el del arranque de la era del teletrabajo. Todos tenemos presente el día aciago en que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el estado de pandemia a raíz de los altos niveles de propagación del Covid-19, aparecido en Wuhan, capital de la región china de Hubei, en diciembre del año anterior. El resto es historia. Una historia aún abierta y, ciencia mediante, próxima a su fin.

Como quiera que sea, hay motivos para considerar que, aún tras ese anhelado final de la pandemia, algunos de los nuevos hábitos instaurados por esta seguirán formando parte de nuestra vida cotidiana. Uno de ellos será justamente el teletrabajo. Aún restaurada cierta presencialidad en nuestros despachos, redacciones, locales o cualesquiera sean nuestros centros de trabajo, todo apunta a que el remoto se quedará con nosotros. Y si, como apuntan los pronósticos, el hogar será una sede principal en nuestro desempeño profesional, lo será por haberse probado su eficacia y operatividad. Las tablas de productividad y las de horas trabajadas no siempre se corresponden, como se refleja en el estudio La productividad del trabajo y la conciliación laboral, realizado el año pasado por el EAE Business School. Por ejemplo, los trabajadores españoles se encuentran entre los europeos que más tiempo trabajan al año, pero lo hacen con una productividad menor. Son 1.695 horas: más que en Alemania (1.363) Dinamarca (1.410) o Noruega (1.424), las naciones que menos horas dedican al trabajo …pero que curiosamente resultan más eficientes. La productividad en Noruega, por ejemplo, es del 79,90%. ¿La española? Un modesto 30%.

Por decirlo todo, el caso español celebra la importancia concedida a la vida social — el estudio reconoce la importancia concedida al disfrute de tiempo para el ocio y el cuidado personal — pero observa, eso sí, el “presentismo” que, en un 56%, caracteriza a las empresas consultadas. La conciliación entre vida laboral y personal es, por cierto, el segundo factor que más preocupa en este caso (el primero es el salario).

Ahí está, entonces, el quid de la cuestión: la opción de trabajar en remoto como una doble oportunidad de incrementar tanto la calidad de vida como la productividad y el rendimiento. Más allá de tener un horario de nueve a seis, ¿no será lo importante el trabajo resultante? Las grandes empresas de Silicon Valley — Google, Twitter y Facebook entre ellas — ya han adoptado este modelo de trabajo de forma indefinida, avalando la hipótesis de un múltiple ahorro: energético, de desplazamientos, de tiempo. Varias de ellas están facilitando la transición con sus empleados; Mark Zuckerberg ya ha dicho que la mitad de sus empleados trabajarán desde casa. Y a pesar de las altas cifras de personal insatisfecho con esta iniciativa, hay que reconocer hay que las videoconferencias y las múltiples aplicaciones colaborativas nos lo han puesto más fácil a todos. Sabemos que el teletrabajo funciona: estudios en Harvard y Princeton revelan que una media de trabajadores renunciaría al 8% de su sueldo por trabajar en casa; consta en el mismo estudio que el 45% de los teletrabajadores dicen adorar su trabajo, por el 24% de los empleados fijos que afirma la misma cosa.

Por supuesto la unanimidad es difícil de alcanzar. Preguntada acerca de la tendencia al teletrabajo, la presidenta del Banco de Santander, Ana Botín, vaticina: “Va a haber un cambio estructural en nuestra forma de organizarnos, de comercializar productos, de trabajar, y todo tiene un denominador común, que es un uso intensivo de las capacidades digitales. La crisis ha acelerado la revolución digital. Sin digitalización, las consecuencias hubieran sido mucho peores, pero hay que asegurar que llegue a todo el mundo. Hemos hecho encuestas y hay personas que ven más difícil compaginar la vida personal y profesional cuando estás en casa. Teletrabajar está bien hasta cierto punto. La mayoría de los profesionales del banco nos piden poder combinar dos o tres días de trabajo en casa”.

¿Integrarán entonces los hogares del futuro la parte proporcional de la oficina que tradicionalmente alojaba a los empleados? Ya está ocurriendo en varias modalidades: la oficina totalmente remota — opción predilecta del nómada digital — , el modelo híbrido — trabajar unos días en la oficina y el resto en remoto — , el modelo “remoto plus” — una semana en la oficina, seguida de tres días en modo remoto — … Otros modelos híbridos llegarán, tantos como convengan a grandes empresarios, pymes y trabajadores autónomos.

Estamos viviendo un momento de cambio real en el mundo laboral
impulsado por una crisis existencial.

Quizá la manera de llegar a la respuesta sea preguntarse por las oficinas tradicionales; ¿qué suerte correrán? El británico Chartered Institute of Personnel and Development, una asociación de recursos humanos con base en Londres, prevé que la mayoría de las empresas mantendrán sus oficinas físicas. Pero eso no quiere decir que la forma de trabajar no vaya a cambiar. “La pandemia está obligando a pensar de manera diferente a los empleadores sobre la viabilidad de permitir a sus empleados trabajar de forma flexible”, declaraba a la BBC hace unas semanas el director de dicha entidad, Peter Cheese. “Estamos viviendo un momento de cambio real en el mundo laboral impulsado por una crisis existencial”, argumentaba Cheese. Podría darle la réplica David Mott, fundador de la inmobiliaria, también británica, Oxford Capital: “Por supuesto, para algunas profesiones, la ubicación es fundamental. Pero los trabajadores de oficinas estamos viendo una página en blanco. Tenemos una oportunidad increíble para redefinir la manera en la que trabajamos y reescribir las normas”.

Sea como sea, parece imperativa la necesidad de que la transición vigile tanto la flexibilidad como el respeto a los derechos laborales. Ejercer el teletrabajo de forma óptima requiere satisfacer dos condiciones básicas. Una será disponer de la tecnología necesaria para realizar la actividad. La otra, contar con un contexto espacial adecuado para el desarrollo de nuestra tarea. Solo un entorno en el que se den ambos factores brindará el resultado idóneo: felicidad en nuestro estado de ánimo y un incremento en nuestra productividad.

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